“¡Te prohíbo que hables con extraños! y menos en los viajes?”…Es peligroso, decían

 

Estaba sola en el centro de Rio de Janeiro, a eso del medio día. Tenía la misión de tomar un bus desde quién sabe donde, que me llevara hasta el barrio de Urca (donde queda el famoso Pão de Açúcar) lejos de donde me encontraba, o así lo suponía. Entre la fascinación y el deseo de “comerme” esta maravillosa ciudad, una frase me taladraba la mente: ¡NO HABLES CON EXTRAÑOS!.

Me lo enseñaron desde pequeña… y es que ese “otro” puede ser muy malo, te puede secuestrar, robar; el que se te acerca puede tener terribles intensiones. Crecimos con miedo.

Un miedo fundamentado, en parte, porque tristemente en algunos países de Suramérica, sobretodo en el mío y en Brasil, los temas de seguridad siempre han estado al orden del día. Pero ¿hasta qué punto esto es verdad?, ¿será que el mundo es tan malo como lo pintan?…

Bueno hay muchas cosas que uno se da cuenta viajando, que le muestran a uno que sí, que la humanidad ha cometido unos actos garrafales, dolorosos e inimaginables y TODOS hemos permitido, de una u otra manera que eso pase 🙁 .

 

 

Pero, los viajes también me han enseñado que “el otro” está abierto de corazón, que te quiere conocer y que quiere enseñarte sobre su vida, sus raíces; que ese “extraño” va a ayudarte en el momento que más lo necesitas, sin pedir nada a cambio. Que se va a forjar, al instante, un lazo que trasciende todo, un recuerdo eterno en la mente de los dos.

 

Como pude con mi portuñol, me hice entender:

Oi, ¿onde pego no ómnibus?

Seguí las indicaciones, corrí un poco, me subí. Rastreé un lugar para sentarme, me decidí por la última banca. Lo observaba todo.

Un chico que estaba a mi lado rompió el hielo.

Hello, how are you?

¿le contesto?… pensaba

Hello, i´m fine and you

Pasaron muchas cuadras y ya nos habíamos contado la vida, tomando lo que sabíamos del ingles, del español y del portugués para hacernos entender (lo maravilloso del lenguaje).

Yo había perdido cuidado de por dónde iba el bus. Will, como se llama el chico me tranquilizó. Él se bajaría cerca y me podría indicar, añadió:

¿Quieres que te lleve a un Museo que hay cerca de mi universidad? y qué tal si después vamos a mi facultad y vemos una exposición de películas de terror que están haciendo.

Sentí un pitido en mi oído. ¿Qué hacer? Y … ¿si la película de terror era la que yo iba a sufrir?

¡CALMÁTE CATALINA! Yo también me respondí.

Ok, eu gosto da ideia. Muito Obrigada.

Respondí duro y en automático. Mi mente estaba desconectada de mis cuerdas bucales.

No es que les estoy diciendo que se vayan con cualquiera ¡NI MÁS FALTABA! Pero pensándolo bien esa no fue una decisión tan loca. Traté de analizar quién era, de leer sus movimientos, sus ojos. Le aposté a mi intuición que me decía que todo iba a estar bien.

FUE GENIAL. Fue una tarde maravillosa.

Efectivamente fuimos al museo, que resultó estar cerrado. Luego pasamos a su Universidad, la exposición estuvo muy, muy buena, Freddy Krueger, Chucky, The Shining y otros clásicos estuvieron presente.

Lo escuchaba hablar, mientras caminábamos. Que pelado más interesante. Me mostró la otra cara de Rio, esa que uno como turista muchas veces no alcanza a percibir.

Él era becado en esa buena universidad. Su familia no es de muchos recursos. Él ni siquiera había subido nunca al Cristo Redentor o al Pão de Açúcar ¡y estudiaba al lado! Simplemente porque la realidad de oportunidades y económicas no es buena para muchos en Rio.

Mientras nos tomábamos unas fotos en el malecón y disfrutábamos del Açaí, me contó que amaba los insectos. Que soñaba con ser biólogo … estaba lleno de ilusión. Me estaba llenando el alma.

Ya era hora de su clase y qué creen, iba conmigo hacia el Morro de Urca , la ruta más económica para ir al Pão de Açúar. Llegó un momento en el que ya él no podía avanzar más y yo, debía partir. Era como si nos conociéramos de toda la vida.

Desde allí, nos seguimos hablando por redes y vamos siguiendo nuestras vidas a la distancia. Hicimos varias video llamadas en las que aproveché para practicar mi portugués. Nos intercambiamos cartas físicas que viajaron kilómetros. Hace poco vi que su sueño de ser biólogo se cumplió. Sentí el triunfo como si fuera el mío y él, me felicitó también el paso que di para recorrer el mundo.

Gracias a que no le hice caso a ese ¡NO LE HABLES A EXTRAÑOS! Es que tengo un amigo para siempre.

Y la buena noticia es que esta historia se ha repetido, de diferentes maneras, en casi todos los lugares que he visitado por eso digo ¡BENDITOS SEAN LOS VIAJES!

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Con cariño para  Willison do Carmo

Y para todos esos hermosos amig@s que he hecho en la ruta.

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